martes, 8 de abril de 2014

Primera vez

Han pasado cinco años desde la primera vez que te vi. Creo que nunca podré olvidar aquel día. Estaba lloviendo, aunque no hacía mucho frío. Yo estaba a punto de cruzar la avenida principal, me dirigía a la parada de autobús en la que tú ya estabas esperando a que llegase el cinco, protegiéndote de las inclemencias del tiempo con un enorme paraguas rojo.

En el momento en el que el semáforo se puso verde, crucé. No podía dejar de mirarte. Y no tenía ningún problema en hacerlo con todo el descaro del mundo, ya que tú estabas sumergido en una edición antigua de Otelo. Me quedé de pie a tu lado, y dije: -¡Buenos días! En parte, porque me pareció que era lo educado en esa situación, y en parte, porque esperaba que levantases tus ojos de Shakespeare y, quizás, me deleitaras con una sonrisa.

Cuando, de repente, te desmayaste. Tu libro fue lo primero en golpear el suelo; tu paraguas emprendió un vuelo que, creo, fue a parar a la cabeza de un hombre que empezó a gritar. A continuación tus rodillas emitieron un terrible sonido al golpearse con la acera.

Como un reflejo de supervivencia, estiraste el brazo, y tu mano izquierda se agarró  con fuerza a mi brazo derecho, dándome tiempo suficiente para poner mi brazo izquierdo detrás de tu cabeza para que no te la golpearas. Fue entonces cuando tuve la posibilidad de ver la profundidad de tus ojos azules, que me pedían a gritos que te ayudara, que yo era tu única oportunidad. Intenté decirte que todo iba a salir bien, pero ya era demasiado tarde, ya habías perdido la consciencia.

Desde ese día, "no puedo vivir sin ti" es lo primero que me dices cada vez que nos vemos. Desde ese día... yo tampoco puedo vivir sin ti.


sábado, 16 de marzo de 2013

Sentimientos de una mujer maltratada...


La verdad es que nunca había tenido la capacidad de sentir lo que siente una mujer maltratada. Tampoco es que quisiera, pero creo que de una forma u otra todas deberíamos sentir aunque sea en una milésima parte lo que es sentirse una mujer maltratada. Para no hacer bromas con ello, para no acusar a hombres inocentes de semejante bajeza, ya que un hombre que hace algo así, deja de ser un hombre y se convierte en un gran saco de mierda. Y acusar a alguien falsamente es tan malo como el hecho en sí.

Quizás estás pensando que soy una exagerada, pero si entendieras lo que significa ser una mujer maltratada entenderías el porqué; porque déjame explicarte que la cuestión del maltrato ya no son los moratones, las huesos rotos, las heridas, y la sangre derramada, sino que es la humillación, el sentirse impotente, incapaz, inútil, es decir, el convertirse en un gran saco de mierda.

Puede que no ante los ojos de la sociedad, para quien eres una pobre víctima aunque, a veces, sí que te ven como la culpable diciéndote que si no sales de ahí es porque no quieres... 

¿Que no quiero?... mmm.... que no quiero... 

Si de verdad piensas que no quiero es porque no me entiendes, porque nunca te has visto en mi situación, porque ni siquiera lo has intentado.

Tienes que entender que cuando yo me miro en el espejo, lo que veo es un gran saco de mierda, que no sirve para nada. Cada vez que reúno el valor para salir corriendo, imagino los posibles finales... y en todos me encuentra, en todos me acaba dando una paliza, en todos termina con mi vida.

Vida con la que, a veces, me gustaría acabar yo misma, pero él... ese ser forjado la mitad por mí y la mitad por ese monstruo, es lo que me hace continuar. Con cada puñetazo veo su cara, y así duelen menos.

Es por él y sólo por él que mi vida tiene sentido.

Es por él y sólo por él que prefiero morir en vida que vivir para siempre en paz en el cielo. 

martes, 5 de julio de 2011

La primera vez que escuché tu voz...

labios2Llegaba tarde al autobús, de hecho, un par de minutos más tarde y hubiera tenido que esperar al siguiente,
parecía que el mundo iba a toda velocidad, hasta que subí las cuatro escaleras y le entregué el billete al conductor.
Cuando me dispuse a surcar el pasillo, intentando no ir dando michilazos a todas aquellas personas que habían llegado a tiempo y que tenían sus asientos pegados a éste, allí estabas tú; parecía que habías llegado pocos segundos antes que yo, estabas a punto de subir tu equipaje de mano al maletero de encima de los asientos.
Casi como un acto reflejo, te apretaste la chaqueta que llevabas anudada a la cintura, te colocase las gafas de sol a modo de diadema y te dispusiste a coger tu bolsa, pero unos segundos antes de que tus manos llegaran a tocar las asas yo llegué hasta donde estabas tú y te pregunté si necesitabas ayuda; me respondiste afirmativamente con la más bella de las sonrisas.
Una vez la maleta estaba en su sitio, de tu boca se escapó un pequeño 'gracias', un gracias que guardé en el cofre de mi corazón como el tesoro que era... la primera vez que escuché tu voz.
Acto seguido te sentaste en el asiento pegado a la ventana, yo, a riesgo de parecer estúpido, como no podía dejar de mirarte, te pregunté si podía sentarme contigo. Simplemente contestaste con un movimiento de cabeza, así que, me senté...